¿ Viajero o turista ? Sociología del viaje

¿ Te consideras turista o viajero ?

Empiezo este artículo unas horas después de haberme leído lo que me servirá de principal referencia, L’idiot du voyage de Jean-Didier Urbain (El idiota que viaja en castellano). J. Urbain, sociólogo especialista en temas de turismo, nos explica con detallados ejemplos las representaciones del viaje, como lo vivimos, y aborda durante toda la obra la histórica distinción entre viajero y turista. Esta distinción es evidentemente una construcción humana y que bajo el prisma de la sociología se percibe de manera mucho más clara.

La mayor parte de nosotros responderíamos sin duda a la pregunta inicial “viajero”, la connotación del termino « turismo » no es siempre positiva. Es cierto que esta práctica puede ser benéfica para un territorio dado : el turismo es signo de que un país es relativamente estable, suele aportar económicamente y hasta puede fomentar la modernización de este. Sin embargo, el turismo también puede estar relacionado con la destrucción, con avalanchas de turistas que de forma paradójica destruyen lo que han venido a contemplar. Los perjuicios del turismo son por ejemplo visibles en las Seychelles, en estas islas el precio del pescado ha aumentado hasta tal punto a causa de los numerosos hoteles de lujo que los habitantes locales ya no pueden permitirselo.

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Grecia te pertenece, Chipre también…

Se atribuyen varios adjetivos al turista, el de posesivo por una parte ya que cree apoderarse de lo que le rodea: el visitante captura lo visitado. Su objetivo es acumular, acumular museos visitados, fotos de monumentos y souvenirs para después poder decir que ha estado ahí. Esta ambición de “poseer” en cierta manera el destino es  ampliamente usada por la compañías turísticas de todo tipo, como podréis ver en la guía de Cruise Air.

Este turista también es indiscreto, un turista siempre es visible, se hace notar en su viaje por los que le reciben pero también por los supuestos “viajeros” que tratan de evitarlo. La cámara de fotos simboliza al turista ya que en este individuo siempre prima la imagen frente al lenguaje, frente a al interacción social.

El turista como tal aparece con el desarrollo de los medios de comunicación y el abaratamiento de estos que condujo a la democratización del turismo. Los afortunados que podían recorrer el mundo se enfrentaron pues a hordas de extranjeros, a grupos de viajes organizados. Thomas Cook es considerado el primer agente de viajes del mundo y fue uno de los pioneros en cuanto a viajes organizados. En 1951 este inglés crea su sociedad y en 1963 organiza su primer viaje en grupo a Suiza. Esto será inmediatamente criticado, el cónsul británico en Italia pública un artículo poco tiempo después en el que teme que las ciudades italianas sean “sitiadas por rebaños de criaturas” y comparando al guía a un “perro pastor”. La mercantilización del viaje ha creado una nueva forma de desplazamiento, en la que el individuo ya no es un héroe que tiene que afrontar todo tipo de caminos, climas y aventuras como lo hacían los míticos viajeros entre los cuales podríamos citar desde escritores como Robert Louis Stevenson hasta científicos como Charles Darwin.

turista-vs-viajero-6-2El turista, hoy en día, va más en busca de vacaciones que de aventura, lo cual es un sacrilegio para el viajero. Este último lo acusa de volver el folklore algo comercial y artificial, de pervertir las actividades y de influenciar un tipo de comercio “souvenir”. Si el viajero es curioso, el turista es superficial, no viene a descubrir nada si no a confirmar sus propios prejuicios. Hace lo que la palabra inglesa sightseeing (hacer turismo) describe muy bien, es decir ver sitios: el turista no va hacia la cosa, va hacia la imagen de esta cosa. En definitiva, el viajero reprocha al turista el hecho de banalizar el mundo, de no viajar por amor a la diversidad si no por ocupar su tiempo, y por encima de todo de transformar la experiencia del viajero que ahora se ve enfrentado a multitudes de… personas como él. Jean-Didier Urbain llama a esto el “síndrome de Armstrong” en la medida en la que el viajero ya no puede hacer los primeros pasos en una tierra virgen, ni estar solo en casi ninguna parte.

Si en la primera parte del libro se radicaliza la oposición entre estos dos tipos de individuo, hoy en día la podemos observar en nuestros propios comportamientos. Quien no se ha quejado de la cantidad de turistas que encontramos cuando nosotros somos uno de ellos, o de manera aun más paradójica de la cantidad de españoles que hay o de que si hacen demasiado ruido.. Criticamos quien más se nos parece porque queremos desmarcarnos de ellos, queremos ser más puros de alguna manera y que no se nos pueda asimilar en el mismo grupo que a los demás.

El objetivo que se plantea el autor  es mostrar que la oposición turista/viajero está ya obsoleta. En la segunda parte del libro trata por lo tanto de demostrar porque no hay un tipo de turista preciso, si no que el abanico es mucho más amplio y porque la experiencia del viaje es algo difícil de clasificar. Por ejemplo cita la obra Tourism: The sacred journey de Nelson H. H. Graburn en la que este cita varias maneras de viajar, entre las que se encuentran el turismo histórico (ver monumentos), el turismo étnico (descubrir culturas), o el turismo ligado a la naturaleza que puede ser ecológico, recreativo, etc.

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Tourism: The Sacred Journey, Nelson H.H. Graburn, 1997.

La percepción de lo que es un viaje, de porque se realiza, es algo muy subjetivo y solemos aplicar la nuestra o la contraria a esta a cualquier viajero. Algunas prácticas y ambiciones suelen ser comunes como subir a los sitios altos. La mayoría de nosotros hacemos esto cuando estamos en un lugar nuevo, nos permite leerlo y entenderlo mejor y hasta tranquilizarnos al reconocer sitios (¡ Ah mira allí está nuestro hotel !). Conocer mejor el mundo es por lo tanto una de las razones, que se realice partiendo en grupos organizados o solo con nuestra mochila,  que compartimos a la hora de viajar. Eso si, es evidente que nuestras maneras de aprender sobre el mundo, sobre su amplitud y su historia, son diferentes pero no opuestas. Por ejemplo recientemente el turismo rural se ha puesto muy de moda y es una manera de volver a los orígenes, de volver a conectar con el origen de la vida social y cultural. El autor también menciona la experiencia del desierto, pasear o perderse por el nos hace descubrir la inmensidad o la soledad en su estado más puro, volviendo al estado primitivo del planeta. El viaje puede realizarse por la vista y/o por la experimentación, cada uno combinamos estas características de una manera precisa.

Sin embargo todavía hoy en día vemos estratos de calidad turística, grados de autenticidad del viaje. Por ejemplo siempre desvalorizamos más lo que el autor llama el “turismo-hurón“, o “turismo inicial“, esa persona que no va más allá de lo turístico en un lugar, ya sabéis a lo que me refiero. No obstante, este turista cumple una función que no tiene porque ser ni peor ni mejor que otra, es decir la función de reconocimiento de símbolos de otra cultura. A partir de estos símbolos va a poder ver las diferencias y parecidos con los de su propia cultura, y así salir de su viaje sintiendo que ha aprendido algo.

No hay diferencias de calidad entre turistas para el autor ya que todos somos lo mismo, y que si es cierto que concentraciones continuas en algunos lugares pueden hacer que estos se deterioren (el Machu Picchu, las Cinque Terre en Italia o las islas Galápagos son ejemplos de zonas que han tenido que reducir considerablemente las visitas debido al desgaste que estaban sufriendo) toda visita a un lugar desconocido nos convierte en un intruso. Con esto quiere decir que no hay que mentirse a si mismo, que la paradoja del turista es que quiere ir a lugares no turísticos pero que el mero hecho de ir ya los hace turísticos. Compara esto a la historia de Satán pidiéndole a Dios que cree una piedra que el mismo no pueda levantar, Dios se confrontaría, como el turista lo hace, a la paradoja de la omnipotencia. No por ello debe dejar de ir en busca de lo que más le apetece ver, ni redimirse a lo más visitado, pero darse cuenta de que no se es más o menos auténtico, si no más o menos feliz con lo que hacemos.

Aunque os haya hecho un resumen un poco desordenado, espero que hayáis entendido el fin de todo esto, y es que todo viaje, en los limites del respeto en todos los sentidos al lugar que nos acoge, siempre aporta algo al individuo. Su vida personal y sus experiencias van a hacer que se plantee sus viajes de una manera u otra pero siempre va a aportarle algo que no podemos subestimar. Al volver a su hogar va a cicatrizar, en cierta medida, la ruptura entre el aquí y el allá.

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12 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Hipnosapo1 dice:

    Estoy de acuerdo, en gran medida, con el resumen. Quizás debería de leer el libro para comprender exactamente el matiz, pero creo que todo se tendría que resumir en la medida que uno quiere integrarse en la sociedad durante esos días. Cultura, costumbres, informarse con los autóctonos; da igual que sea Londres, como un pueblo perdido en Mongolia. Creo que los niveles básicos se pueden diferenciar muy bien. Y siempre entra en coalición el tiempo. No es lo mismo tener 5 días que 15…

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    1. Estoy de acuerdo, el tiempo influye mucho. En cuanto a lo que uno quiera integrarse es también bastante relativo, porque por mucho que nos informemos con los autóctonos, nos metamos en sus costumbres, el hecho de estar ahí, de que enseñen su mejor lado va a hacer que se pierda esa autenticidad que buscamos. Pero mientras tratemos de indagar todo lo que podamos en lo que nos interese 🙂

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  2. Excelente resumen y reflexion. Vivir viajando me hizo entender que cada uno viaja como quiere y puede, no hay mejores ni peores, solo diferentes. Un saludo desde India y buenas rutas!

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    1. Sin duda la de vivir viajando es una muy envidiable 😉 saludos !

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  3. Aunque la entrada resulta interesante, es un tema que nos aburre bastante. Creo que hay bastante “postureo” al respecto, y que cuando el low cost ha inundado el mundo de gente que se va a pasar una semana a cualquier lugar de moda, los más puristas se sientieron ofendidos y empezaron a insistir en la diferencia, que apenas existe. Turistas somos todos, queramos o no, pese a que nos moleste o nos disfracemos de viajeros con mochila y Lonley Planet, y más aún desde que lo compartimos todo en las redes sociales. Viajeros, los verdaderos trotamundos, hay muy pocos, y dudo que ninguno escriba blogs 😉

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    1. Me alegro de que lo veáis tan claro 🙂 He leído tantas entradas de blogs en las que parecía que esto no fuera evidente que me parecía interesante comentar este libro… Que data de los años 70 😂 Cual es vuestra próxima escapada ? 😎

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      1. Pues ahora mismo estamos por casa, preparando el verano por Italia…

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  4. Bonita y necesaria reflexión. Un saludo y buen viaje

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  5. Seres Reales dice:

    Que buena entrada, muy clara y de buenas reflexiones. Saludos!!!

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    1. Me alegro mucho de que le guste, saludos !

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