Un respiro en los Alpes: Lyon y Grenoble

¡Hey! Soy Emma, la coautora del blog. Tras varias semanas de estudio y exámenes decidí darme un pequeño respiro en una zona ideal : la región francesa de Rhone-Alpes. Exactamente en Grenoble, ya que mi amiga zaragozana Eliane estudia allí la misma carrera que yo y me acogía en su residencia.

En este caso no me informé, como suelo hacer, tanto en lo que había que ver en cada sitio si no que me dejé guiar, fue un viaje bastante diferente. También avisaros de que si notais una ligera bajada de calidad en las fotos es porque normalmente las hace Pedro y no tengo su destreza, pero sirven igual 🙂
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Place de la comédie

Ya que mi avión, saliendo desde Burdeos, llegaba a Lyon a las 8 de la mañana, aprovechamos y visitamos la ciudad, o al menos una parte de ella, ya que es enorme. Es cierto que es la segunda ciudad más poblada de Francia pero no esperaba que hubiera tanto que ver. No pudimos hacer todo lo imprescindible pero si gran parte. Empezamos cruzando la presqu’île en el que se los ríos Ródano y Saona.  Allí se sitúan gran parte de los monumentos de la ciudad, como por ejemplo la Place de la Comédie en la que visitamos el ayuntamiento y la fuente Bartholdi, ahora en obras.

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Atravesando pues la península nos dirigimos hacia uno de los lugares más emblemáticos y visibles desde la mayor parte de Lyon: la basílica de Notre-Dame de Fourvière. Para llegar hay que subir durante 20-25 minutos la colina oeste de Lyon, siendo aquí donde nació la ciudad romana de Lugdunum. Vestigio de esto, podréis ver el teatro romano más antiguo de Francia si subís por la izquierda. Notre-Dame de Fourvière me pareció realmente impresionante, si tuviera que hacer un top ten de edificios religiosos que he podido ver hasta ahora estaría de los primeros. Su situación, su exterior, su interior rebosante de decoración e incluso sus jardines son espectaculares.

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Después de comer dimos una vuelta por uno de los parque más grandes de Francia y  el pulmón verde de la capital, el Parc de la Tête d’Or. A parte de por su inmensidad, destaca por tener un parque zoológico gratis y de libre acceso, y no por ello cuenta con pocos animales, desde tigres hasta girafas. Aunque siga sin ser muy fan de este tipo de lugares, la organización que lleva este zoo lucha por la conservación de las especies y trata de sensibilizar sobre los animales que están en peligro de extinción.

Atravesar este parque de 117 hectáreas nos costó lo suyo, y como teníamos que coger el bus a las 19h30 decidimos pasar lo que nos quedaba de tarde en otra colina de Lyon, la Croix-Rousse. El barrio homónimo fue incorporado a Lyon en 1852 y era considerado el barrio obrero a partir de la industrialización, de hecho al principio del siglo XIX Lyon era la primera ciudad obrera de Francia. La llegada masiva de obreros de la seda, los Canuts, tranformo entonces profundamente la Croix-Rousse, marcando su historia y su urbanismo. Jules Michelet, un importante historiador francés, escribió sobre la oposición de la montaña del trabajo y de la montaña mística (la colina de Fourvière, la cual reúne un gran número de conventos y de iglesias). Transformada por los años la expresión de Michelet se convertirá en la de “la colina que trabaja de cara a la colina que pide”.

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Subimos hasta la cima  del barrio, en el que hay una  meseta, y tomamos algo en una terraza frente a las vistas de la ciudad y a la Gran Piedra. Uno de los símbolos del barrio que veis en la imágen, cuya composición mineralógica deja pensar que ha sido transportada desde los Alpes por los glaciares.
Volvimos andando hasta la estación de trenes Part-Dieu para coger un flixbus que por cinco euros nos llevaba a Grenoble.
Grenoble es la capital del departamento de Isère y es conocida como la capital de los Alpes franceses. Tiene actualmente alrededor de 150 000 habitantes y una aglomeración de 600 000, la segunda ciudad por volumen de habitantes después de Lyon en Rhone-Alpes. Durante los siglos XIX y XX experimentó un periodo de gran expansión económica, representado en la celebración de los X Juegos Olímpicos de Invierno en 1968.
Pasé dos días allí e hicimos cosas muy variadas, me pareció una ciudad ideal para irse de vacaciones y al estar al lado de los Alpes existen cantidad de excursiones. Nosotras visitamos la ciudad, pequeña y con un centro muy acogedor, alquilando bicis ya que a parte de tener precios bastante económicos es la ciudad más plana de Francia. Como dato, esto es debido a que se encuentra en una “cubeta” o “tazón” -hondonada- (cuvette en francés) que hace que a pesar de ser una ciudad con alcalde ecologista, sea también de las ciudades francesas más contaminadas ya que la cuvette retiene las partículas en suspensión.
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L’Isère, afluente del Ródano, en su paso por el centro de Grenoble.

 

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Jardin des plantes

Visitamos por lo tanto el centro en bici, pasando por la plaza Verdun dónde se encuentra la prefectura, por la plaza Notre-Dame y por el agradable Jardín de ville. También paseamos por el Jardín de las plantas, un lugar  recogido y cerca del parque más grande de la ciudad que por desgracia no tuvimos tiempo de ver, el parque Paul Mistral. Grenoble rebosa de lugares verdes, otro de ellos muy agradable para pasear en bici es “le parc des berges de l’Isère”, en la rivera del río. En lo que concierna la restauración, no tuvimos tiempo de probar mucho pero me quedo con uno: el Pain&Cie, en la calle Lafayette, en  el que sirven gofres caseros con numerosos condimentos a gusto del comensal.

La mañana del segundo día la consacramos a la atracción principal de Grenoble, con 600.000 visitantes al año: subir hasta la Bastilla. Esta antigua fortaleza militar del siglo XIX está a 264 metros sobre Grenoble y se puede subir a pie, en teleférico o en coche. Nosotras decidimos subirla a pie, aviso de antemano que parece poco pero es un recorrido con bastante pendiente durante alrededor 45 minutos, eso sí con unas vistas espléndidas sobre la ciudad y sus alrededores. Para bajar optamos por el teleférico, su precio: 5,50 el billete sencillo o 4 euros el reducido.

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Vistas desde la subida del fuerte de la Bastilla.
_DSC1392Finalmente, y aunque no sea un sitio “turístico” os recomiendo si tenéis tiempo pasaros por el campus universitario de la ciudad.  A parte de para poder comer o tomar algo por un precio ajustado, es una zona muy agradable en la que podréis ver hasta mini praderas con cabras. La explanada que veis en la foto es el centro del complejo universitario y sus vistas a las diferentes montañas, que mi amiga me nombró pero ya no recuerdo, lo convierten en un lugar que transmite muchísima paz.
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