Túnez, o la osadía de un pueblo

Túnez, un país de 10 millones de habitantes situado en la parte este del Magreb, ha estado relativamente de actualidad estos últimos años. Primero por los atentados que ha sufrido, pero sobre todo porque se ha convertido en la primera democracia, trás derrocar al dictador Ben Ali, en los países arabo-musulmanes.

Estos dos eventos han creado una gran inestabilidad en el país, la cual ha evidentemente repercutido en el turismo. Se calcula que en julio de 2015 el descenso era del 74,8% respecto a 2010. Un turismo que, en sus tiempos de auge, se basaba en circuitos programados por agencias y resorts, y que por lo tanto dejaba poco entrever la situación autocrática a la que estaban sometidos los tunecinos.

Creo que es necesario conocer mejor este país, entender en que se diferencia de sus vecinos y como sus ciudadanos han conseguido tomar el camino de la democracia. Puede que, si no conocíais la historia contemporanea de Túnez, os devuleva las ganas de visitarlo, o simplemente espero que aprendais algo nuevo.

La particularidad de la historia tunecina tiene mucho que ver con Habib Burguiba. Este presidente, que gobernó de 1956 a 1987, considerado como un “déspota ilustrado”. Al finalizar el largo proceso de indepencia, ya que Túnez era un protectorado francés desde 1881, Bourguiba emprendió su “gran combate” para elevar el “nivel del pueblo tunecino”. Consideraba que tenía que ayudarle a salir de su retraso frente al mundo occidental, y para ello tomó medidas como dedicar el 30% del presupuesto estatal a la educación o liberar a las mujeres de numerosas servitudes. También quiso desacralizar las tradiciones musulmanas y así reducir la influencia del Islam: en febrero 1961, les pide a los tunecinos que no realicen el ayuno del ramadán con el fin de combatir mejor  el subdesarollo. De hecho en marzo 1964, en la época del ramadán, salió por la televisón bebiendo un zumo de naranja en pleno día.

Si no podemos olvidar que Bourguiba era un dictador, tenía una visión, un objetivo que cumplir, al contrario de Ben Ali. Este último era primer ministro del que llaman el « Ataturk tunecino », y en 1987 lo remplazó como presidente. Bourguiba ya era muy mayor, y su estado de salud iba cada vez a peor, por lo que su primer ministro le apartó en lo que se llama hoy en día el « Golpe de estado medical ».

Este acto no suscitó ninguna oposición por parte de los habitantes, consideraban que el antiguo jefe de estado ya había cumplido su labor y que Túnez necesitaba alguien joven. Sin embargo con el paso de los años, todos se dieron cuenta de que Ben Ali no quería nada bueno para el país si no únicamente enriquecer a su familia y mantenerse en el poder. Si las prácticas dictatoriales ya eran evidentes antes, la cosa fue a peor. Se llegó a hablar, y era una realidad, de la mafia « Ben Ali Trabelsi* », ya que controlaban toda la sociedad, sobre todo la economía. No había gran empresa que no fuera poseída, directa o indirectamente por la monarquía. En definitiva, se podía calificar a Tunez de cleptocracia, es decir un poder basado en el robo de capital, institucionalizando la corrupción y sus derivados como el nepotismo o el clientelismo político, de forma que estas acciones delictivas quedaban impunes debido a que todos los sectores del poder estaban corruptos, desde la justicia, funcionarios de la ley y todo el sistema político y económico.

El hecho de pasar de Bourguiba a Ben Ali fue una de las principales causas de la amplitud que tomó la Primavera Árabe en Túnez. Este país había conseguido ser uno de los más avanzados en el mundo árabe, lo que favoreció el rechazo de Ben Ali. Uno de estos avances era por ejemplo el tema de la condición de la mujer, que si no es hoy en día exactamente igual a los estándares occidentales, se les acerca mucho. En 1956, justo después de la independencia, el código del estatuto personal era casi revolucionario para la época y sobre todo en relación a la situación en la región: prohibición de la poligamia, derecho al divorcio, derecho al aborto (a partir de 1961, antes que Francia, Suiza y numerosos otros países europeos) y derecho a voto. La tasa de alfabetización es tambíen mucho más importante (80%) comparado al poco más de 60% en Marruecos.

En definitiva, estructuralmente Tunez poseía importantes factores que fomentaron la cólera del pueblo en 2011, al que hay que añadir variables conyuncturales. La más importante : el paro. A pesar de ser el país con jóvenes mejor cualificados de África del Norte, también era el país con más paro, ya que no conseguía ofrecer puestos a la altura de sus diplomados. Si a esto se le añade el alto coste de la vida, un cuerpo policial cada vez más violento, y las revelaciones de Wikileaks sobre el caracter mafioso del clan  «Ben Ali-Trabelsi » se entiende que la voluntad de un cambio fuera tan fuerte.

El 17 de diciembre de 2010, trás la inmolación del joven Sidi Bouzid por la acción de la policía que, al confiscarle su puesto callejero de venta de frutas, le había condenado al paro y a la miseria, empieza la revolución tunecina que desencadenará lo que conocemos como la « Primavera Árabe ». También conocida como la « Revolución de los jazmines », reunió a multitudes de manifestantes por las calles de las principales ciudades. Estos no pararon hasta la huída de Ben Ali menos de un mes despues a Arabia Saudí.

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Cabe mencionar las características más evidentes de esta particular primavera: la presencia masiva de jóvenes (ironías de la historia, el año 2011 había sido consagrado como “el año de la juventud” por un decreto del presidente  Ben Ali), de mujeres, y el rol  que jugaron las TIC. En este artículo se demuestra bastante bien la importancia que han adquirido las nuevas tecnologías en las revoluciones contemporaneas, aunque a mi gusto falta una parte sobre los límites de esto.

Los meses siguientes fueron tremendamente inestables políticamente hablando, pero se llegó a formar una asamblea constituyente. En 2014, la nueva Constitución fue aprobada y rompió totalmente con el régimen anterior : garantiza la libertad de expresión, asociación, huelga, el libre acceso a la información y el conjunto de los derechos humanos recogidos en muchas constituciones europeas. Las grandes innovaciones comparado al resto de naciones arabo-musulmanes conciernan la mujer y la religión. El Estado debe por ejemplo, según el artículo 20, garantizar “los derechos adquiridos por la mujer”, la “igualdad de oportunidades entre el hombre y la mujer” y promover “la paridad en las asambleas electas”. Las listas de candidatos ya son paritarias y en ellas se van alternando hombres y mujeres al 50%. De ahí que en la ANC más del 40% de los parlamentarios sean mujeres (más que en la mayoría de las democracias occidentales).

El Estado, estipula el artículo 6, “garantiza la libertad de fe, de conciencia y el libre ejercicio del culto”, es decir que permite a un musulmán cambiar de religión, algo inimaginable en cualquier otro país árabe. No obstante, la pena de muerte sigue vigente, el presidente debe ser musulmán y la mujer sigue sin tener el mismo derecho en lo que a herencias se refiere.

La evolución que ha vivido Túnez estos últimos años es por lo tanto colosal aunque como hemos visto, muchos factores anteriores predecían la posibilidad del cambio. Esta combinación de factores es una de las explicaciones que podemos encontrar para entender porque por ejemplo un país como Marruecos tuvo  una revolución mucho menos intensa y con resultados menos visibles: al contrario de los tunecinos, los marroquís pasaron de un rey autoritario a un rey más “abierto”.

En definitiva, el compendio de circustancias hizo que la “Revolución de los Jazmines” fuera lo suficientemente fuerte como para derrocar al poder existente y llegar a un consenso para elaborar un nueva constitución. No está todo ganado evidentemente, ya que las costumbres autocráticas no pueden ser eliminadas en un día, y porque aun quedan grandes problemas como la seguridad social o el paro por resolver en Túnez. Los cambios se afirmarán seguramente con el tiempo, por ejemplo respecto a la religión, ya que por ahora el partido que gobierna es de tendencia islamista.

Aunque, como suelen decirme en clase, la Revolución francesa necesitó 200 años de idas y venidas de repúblicas, monarquías e imperios para triunfar democrá,ñticamente hablando.


* Trabelsi era el apellido de la segunda mujer de Ben Ali, y su familia era igual, si no más, mafiosa que la del dictador. De hecho un chiste circulaba poco antes de los eventos de 2011 : Ben Ali circulando un día en coche por la capital sin guardaespaldas, fue parado por la policía que le pidió sus papeles de identidad. Este alegó que era Zine El-Abidine Ben Ali, presidente de la república de Tunez. Los policías contestaron que no le conocían de nada, y que les acompañara a comisaría. Al verificar más en profundidad sus papeles, el comisarío se los devolvió rapidamente diciendo que « Todo OK para él, es pariente de los Trebalsi ».

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