Bélgica: Part. Nº3: Brujas + Video

Tomábamos ya nuestro tercer tren desde que aterrizamos en Bélgica, el trayecto desde Gante se antojaba corto y el cielo tenia un tono rubio digno de ser visto desde un tren en ruta, en lo que tardamos en hacernos alguna foto idiota en el reflejo del cristal con cara de bobos llegamos a Brujas, eran las dos y pico de la tarde y teníamos que aprovechar todo lo que podíamos.

Por contextualizar y poder ampliar información, Brujas esta considerada ciudad desde principios del siglo XI, cuando sufrió un exponencial crecimiento debido a una abertura natural de un canal en conexión directa al mar, tiene alrededor de 110.000 habitantes y su casco antiguo esta declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO desde el año 2000.

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Steenstraat, calle principal que nos lleva a la Grotemarkt (Plaza del Mercado) de la ciudad.

Lo primero que hicimos fue buscar el hotel, no nos costó mucho localizarlo, pues estaba en el lateral del campanario de la ciudad, de paso pudimos ver lo que era la ciudad de Brujas ya que la atravesábamos. Nada mas salir de la estación, si tomas la calle en linea recta cruzando la carretera, te lleva por las calles principales hasta el centro de la ciudad. Nuestras caras eran un poema conforme caminábamos, parecía que dejáramos la realidad atrás mientras nos adentrábamos en un cuento de hadas.

Admitamos una cosa, una pequeña ciudad de hadas con una calle principal repleta de tiendas de conocidas franquicias. Por suerte, la ciudad es comedida en este aspecto y sus lugares mas característicos están totalmente intactos.
De camino al hotel aprovechamos para ver la Sint-Salvatorskathedraal (Catedral de San Salvador), situada de camino a la plaza central. No pudimos acceder a su interior pero aprovechamos para verla por fuera.

Llegamos al lugar, nos alojamos en el Hotel Koffieboontje, un lugar con una localización excepcional al lateral del Beffroi de la ciudad, en pleno centro. El hotel cuenta con dos estrellas y queda totalmente recomendado, por 50€ la noche las habitaciones son acogedoras y queda cerca de todo.
Dejamos las cosas y casi se podría decir que salimos corriendo, no podíamos esperar a ver la ciudad, nuestra primera parada: El Beffroi de Brujas, en la Grotemarkt.

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El campanario de la ciudad de Brujas, desde arriba se puede ver toda la ciudad en todas direcciones.

Situado en la plaza central de la ciudad, después de un montón de fotos y videos del lugar entramos a la torre por la puerta principal, accediendo a la primera planta por la escalinata interior, hicimos cola (si, era domingo y verdaderamente había bastante cola), compramos las entradas, esperamos a que bajara el aforo de la torre y nos pusimos a subir escaleras.
Unos intensos 10 minutos de escalones y cruces con gente que bajaba después estábamos arriba, y para quien se lo pregunte, si, vale la pena la entrada y el esfuerzo, las vistas y la percepción que puedes tener de Brujas desde ahí arriba son excepcionales.
No os podríamos decir el tiempo que pasamos, pero para que os hagáis una idea os diré que de las fotos que más satisfechos nos sentimos de la ciudad las tomamos ahí arriba.
Llego el momento de bajar, mismo camino que para la subida, y nos pusimos rumbo a recorrer la ciudad

Nuestra ruta comenzó hacia el este, para poder ver el Hotel de Ville, un edificio de estilo gótico construido entre los siglos XIV y XV, su fachada, blanca, esta decorada con personajes históricos de Flandes y escenas bíblicas.

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Ayuntamiento de la ciudad de Brujas.

Continuamos hasta llegar a uno de los canales principales y caminamos por el bordeándolo de camino al Parque de Minnewater, hacemos parada en la esquina del Relais Bourgondisch Cruyce, y seguimos por la orilla del canal hasta otro de los edificios mas fotografiados y característicos de la ciudad, a la noche volveríamos aquí para poder hacer la foto de rigor al hotel.

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Relais Bourgondisch Cruyce, esta particular casa, ahora convertida en hotel de lujo de la ciudad, goza de unas de las mejores vistas desde sus habitaciones, todas ellas dando al canal que rodea casi por completo su inmediación. El árbol a su lado es uno de los símbolos característicos de la ciudad.

Y es que admitamos que los que dicen de Brujas que es una ciudad de cuento no mienten, paseando por ella, si no fuera por los turistas y los comercios, bien podríamos creernos que hemos retrocedido años y años en el tiempo hasta el medievo.

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Hotel Bonifacius, su fachada da directamente al canal.

Llegamos ahora a otra casa conocida de la ciudad, también situado a la orilla del canal se encuentra el Hotel Bonifacius, llamado así por el puente que atraviesa el canal delante de él, nos muestra como a día de hoy los lugares mas representativos de la ciudad se van convirtiendo en hoteles y resorts.

Un grupo de jóvenes que se sentó a nuestro lado mientras estábamos en el puente Bonifacius nos inspiró, ya que estábamos en Bélgica y todavía no lo habíamos hecho, a irnos a comprar un par de buenas cervezas belgas y poder bebérnoslas paseando por las calles de Brujas, así que así hicimos, cerveza de cereza para una y cerveza de trigo para otro seguimos nuestro paseo, ahora por Katelijnestraat hacia el norte hasta llegar a la la entrada este del parque.
Esta calle esta repleta de establecimientos en lo que se pueden degustar increíbles dulces en sus pastelerías y poder comprar típicas cervezas belgas.

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Vista a lo largo del lago del parque, las casas que lo rodean son verdaderas obras arquitectónicas.

Nos adentramos en el Minnewater, también conocido como Parque del lago del amor por su mas que idílico y romántico diseño. Se trata de un parque con un lago de cisnes en el centro, rodeado por casas de ensueño que se reflejan en el agua. Dicen que la época más bonita para visitarlo es el otoño cuando las copas de sus arboles toman un color mas rojizo y la hojarasca por el suelo permite caminar por una alfombra de suave color caoba.

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Beguinaje de Brujas, ahora convertido en Monasterio Benedictino desde principios del siglo pasado.

Salimos por el norte del parque en busca del Beguinaje de Brujas. Es conocido en castellano como beaterio y este complejo del siglo XIII se encuentra rodeado por un foso y una muralla para separar a las beguinas, es decir una asociación de mujeres cristianas,  del resto de la ciudad. El recinto amurallado cuenta con una treintena de casas y un pequeño parque repleto de altos arboles que en su conjunto y junto con el resto de beaterios de Bélgica está declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

De aqui pusimos rumbo de nuevo al centro, aprovechando para reservar mesa para cenar en un restaurante del que luego os hablaremos, paseamos de nuevo por centro de la ciudad hasta el GroteMarkt y de aquí fuimos al hotel.

Y es que el restaurante que elegimos para cenar por recomendación de nuestra guía en Gante es digno de mencionar. Salimos del hotel y aprovechando la hora y que ya era de noche volvimos al Relais Bourgondisch Cruyce para poder hacer una foto de la ciudad de noche y pusimos rumbo a la plaza de Simon Stevinplein, a escasos 5 minutos andando de donde estábamos.
El lugar era un restaurante de dos plantas famoso por sus típicos mejillones al vapor con gran variedad de salsas y patatas fritas al estilo belga, es decir fritas dos veces.
Les Poules Moules se encuentra al fondo de Stevinplein si accedemos desde la calle principal, por un precio digno del enclave (60€) cenamos un par de cazuelas de mejillones, una con roquefort y otra con mostaza de Dijon, patatas fritas y una clásica cerveza de abadía belga.
Un pequeño paseo por la ciudad de noche (nos comenzó a llover) y volvimos para el hotel.

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Puente en Wollestraat, calle que lleva directa al Grotemarkt.

De esta forma nos despedíamos ya casi por completo de Brujas. A la mañana siguiente madrugamos y con todavía nadie por las calles pusimos rumbo a la estación, lunes por la mañana repleta de estudiantes, un par de cafés en la mano y partimos.
Dos trenes mas tarde y un taxi a toda prisa llegamos al aeropuerto, con un trocito de Bélgica con nosotros que ya nadie nos podría quitar, y sabiendo que recordaríamos siempre ese viaje ya que había sido el primero de esa envergadura que habíamos hechos juntos, y que, a pesar de haber sido fugaz, había sido increíble.

PD. A modo de colofón final os dejamos el video que Emma montó sobre nuestros 3 días en Bélgica, esperamos que nuestra historia os haya gustado, os haya recordado a vuestro viaje a este país o incluso os haya hecho tener ganas de visitarlo por primera vez, en nada volveréis a tener noticias nuestras… ¡BERLIN NOS ESPERABA!

E y P.

 

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